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Diario YA


 

UN SANTO LAICO

No sé si traicionó a la camisa azul o si sé si se traicionó a sí mismo luciéndola

Jose Manuel Sánchez del Águila. Hablo por teléfono con mi madre, que está de cuidadora de mi padre, recién salido de una sencilla operación y además exitosa. Me dice que en todas las televisiones se habla del recién fallecido Adolfo Suárez y que se le presenta como el gran hacedor de la llegada, o regreso, según otros, de la democracia a España. El rey sale en televisión afirmando que él y Adolfo trajeron la democracia a España (inadmisible esa vanidad, pero bueno); el Gobierno declara tres días de luto; un cadáver que será velado en el Congreso; funerales de Jefe del Estado, todo es boato.

Nunca pudo imaginarse este movimientista de los años 50 que su vida y su obra iba a merecer tan desmesurados halagos. Yo creo que hay que estar atento a lo que declare una Historia que aún está por escribirse. Yo no sé si traicionó a la camisa azul o si sé si traicionó a sí mismo luciéndola. Yo no sé si alguna vez creyó en las ideas de Falange o utilizó su liturgia para sus propios intereses. Lo cierto es que sin haber ingresado en la organización del Movimiento, jamás hubiera llegado a donde llegó en el régimen de Franco, pues se trataba de un mercenario de la política que no era abogado del Estado, militar de carrera, ingeniero de caminos o abogado de prestigio, oficios que generalmente, entre otros de alcurnia y salvo excepciones siempre exigió el Régimen del General para ingresar en la escala política.

¿Por qué eligió el recién nombrado rey a este santo laico para acometer la transición del régimen que lo había nombrado rey hacia otro régimen, semejante a una democracia europea? Yo no sé si fue idea suya o estaba muy bien asesorado, pero la respuesta a esta pregunta me la ha dado esta tarde un periodista amigo: Suárez canalizó en su figura el llamado franquismo sociológico pues sabía de la magia de las comunicaciones, no en vano el régimen lo había nombrado director de propaganda, digo de televisión española; y eso mismo hizo posible ese cambio de cartas, volviendo del revés con su palmada todo un régimen cual si se tratase de un cromo de niña con bucles.

No se olvide que el santo laico que ahora se canoniza estaba preparándose para liderar este cambio que pretendía su rey y señor desde mucho antes de que fuera nombrado Presidente y hacedor del cambio de régimen. No se nos olvide un detalle que hoy por hoy pasa desapercibido en todas las televisiones: Se trata de la asociación nacida al cobijo de la Ley de Asociaciones de Arias Navarro, “Unión del Pueblo Español”, liderada por el entonces ministro de Educación, Cruz Martínez Esteruelas (falangista) y el vicesecretario general del Movimiento Nacional Adolfo Suárez. La Unión del Pueblo Español quería agrupar a todos aquellos políticos más oficialistas del franquismo, ligados al aparato burocrático del Movimiento.
Pues fue precisamente la “Unión del Pueblo Español” la asociación que aglutinó al franquismo o movimientismo oficial y con la que se consiguió que, salvo honrosas excepciones, lo más granado de ese franquismo oficial, todos esos procuradores votasen su suicidio y con él, el de un régimen que los había nombrado y al que habían servido. Una vez que hizo el truco y sacó el conejo de la chistera, el rey prescindió de él, con armamento, pero eso es otra historia.

Es tiempo de que los demócratas rindan también honores a esa lejana Asociación, “Unión del Pueblo Español”, nacida para sacrificarse con ese esfuerzo, clave para la práctica de una transición pacífica, ahora que ha muerto su fundador y artífice.
 

Jose Manuel Sánchez del Águila.
Abogado y escritor

Etiquetas:Adolfo Suárez